Ponemos en un mortero los dientes de ajo limpios de piel y la pimienta picona. A esta última le podéis retirar sus pepitas si queréis restar picante a la receta. Pero os aseguro que ese toque picantón de este conejo en salmorejo es importante para bordar la receta.
No es fácil encontrar la pimienta picona, siempre se puede sustituir por 2 pimientos choriceros y una pimienta cayena.
Si están secos, tienes que hidratarlos con agua caliente unos minutos antes. Puedes ayudarte del microondas.
Machacamos todo hasta conseguir una pasta, luego añadimos poco a poco el pimentón dulce, el vinagre, el vino blanco y por último un puñado de sal gorda.
Cubrimos los trozos de conejo con el adobo, la hoja de laurel y las especias que cito en los ingredientes. Todos los trozos tienen que quedar bien cubiertos para que se empape bien del sabor y actúe el vino y vinagre para ablandar la carne.
Tapamos en un recipiente hermético y dejamos macerando en la nevera unas 24 horas. Pasado el tiempo de maceración sacamos el conejo del adobo.
Ponemos al fuego una cazuela profunda con abundante aceite de oliva virgen suave para freír. Cuando el aceite esté bien caliente comenzamos a escurrir el conejo (si queda algo de salmorejo no pasa nada).
Con un tenedor cogemos uno de los trozos de conejo y lo introducimos en el aceite bien caliente.
Cocinamos el conejo hasta que esté bien dorado. Unos 15 minutos friendo las tajadas a fuego medio-bajo al principio y luego fuerte para que se hagan bien.
Siempre regulando la temperatura del fuego para conseguir que se cocine por el interior. En cuanto estén dorados los trozos lo colocamos en una cazuela grande.